Concierto a la carta de Iron&Wine

Este pasado domingo vino a tocar a Madrid Iron & Wine. Sam Beam sin teloneros, sin ningún tipo de acompañamiento, él solito con sus dos guitarras. ‘Solo and acoustic‘. Entradas agotadas y sensación de expectación entre el público. En el escenario, dos guitarras y una mesita con una copa de vino. Aparece Sam y se disculpa diciendo que no daba un concierto en la península desde 2003. Para mi éste será el primero. Para que le perdonemos la tardanza, y el no saber ni una palabra de castellano, nos pregunta qué canción queremos que suene. Al principio nos pilla desprevenidos… ¿qué hace un crack como él dejándonos elegir a nosotros su concierto? Poco a poco, algunos del público empiezan a pedir sus favoritas y entre atónitos e hipnotizados por la energía que transmite, comprobamos que efectivamente va a ser así durante todo el show. Va a tocar cualquier canción que pidamos de su discografía… ¿qué más se le puede pedir a un concierto que elegir el propio setlist?.

El concierto atrapa ya solo con vivir la sensación única de ver que el chico de al lado en el público pide una rareza y que Sam responde cantándola en ese mismo momento… Pero es que además, ¡el cantante se queda impresionado porque todo el público corea las canciones y porque le pedimos temas que llevaba años sin tocar!. Sam me pareció cercano, locuaz, entregado y accesible, combinación ideal para no querer que el concierto se acabara nunca. De verdad os digo que, si alguna vez os lo cruzáis, os recomiendo que os lo llevéis con vosotros a casa.

Tan impresionados nos tenía, que según se ponía a tocar, enmudecíamos y casi no se nos oía ni respirar… Todo por disfrutar al 100% de su guitarra y de su voz. Pero claro, como buenos españoles, en cuanto la guitarra dejaba de sonar, se formaba un bullicio que se alargaba de más porque todos estábamos comentando la jugada. El contraste de silencio mientras él cantaba y el ruido entre canción y canción era tal, que hasta el propio Iron and Wine nos hizo callar en alguna ocasión.

No sé si es porque el Teatro Barceló tiene la mejor acústica de todas las salas de Madrid, o porque el técnico es un auténtico máquina pero, desde luego, la calidad del concierto fue espectacular. Una de las cosas que me gustan de Iron and Wine son sus colaboraciones y covers. Sonaron He Lays In The Rains, de su álbum con Calexico y Love Vigilantes, cover de New Order que en mi opinión es incluso mejor que la original. No debimos de pedir suficientemente alto Such Great Heights ni tampoco ninguna del Sign into my mouth con Ben Bridwell ya que no sonaron. This Must Be The Place me habría hecho muy feliz.

Cuando sonó como cuarta canción The Trapeze Swinger, con un trozo precioso a cappella, no me quedó ninguna duda que el concierto sólo podia ir in crescendo. Durante todo el concierto, Sam escogió las canciones que le iba pidiendo el público. Un buen compromiso entre elección a la carta y recital prediseñado. Los temazos se sucedieron uno tras otro, yo me quedo con los espectaculares Tree By The River y Low Light Buddy of Mine. El cantante se despidió con Flightless Bird American Mouth, conocida canción por pertenecer a la banda sonora de Crepúsculo, y desapareció definitivamente tras Sodom South Georgia que tocó como extra.

Para que veáis de qué os hablo, os dejo un fragmento de Naked As We Came sin un solo ruido más que su ‘solo and acoustic’ (y una tos):

Nos leemos en el siguiente post!


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